EL PENSAMIENTO DE NUESTRO DECANO: Francisco, Kairós para el mundo Publicado en: lun, 18 sep 2017 10:59:00 -0500
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Los griegos distinguían muy bien entre el cronos o tiempo ordinario y cuantitativamente más amplio y extendido y el kairos o tiempo extraordinario y excepcional por lo breve e intenso y cualitativamente superior. Personalmente afirmo que Francisco representa un kairós para la Iglesia y para el mundo y que su visita a Colombia confirmó eso que todos sentimos desde el primer día de su pontificado: que este Papa lograba conectarse con todos de modo singular e impactante, único si se quiere, y que suscitaba entre nosotros una alegría muy particular o estado de consolación espiritual, como diría San Ignacio de Loyola.

Como el fenómeno de las estaciones tan claramente delimitadas en el tiempo y que propiamente no vivimos por estas latitudes pues en nuestro entorno sólo hay épocas de mucho calor y sequedad y otras muy lluviosas, los teólogos expertos consideraron que después del hermoso verano que nos trajo el Concilio Vaticano II y las Conferencias de Medellín y Puebla, la Iglesia estuvo por décadas en un tiempo de invierno, esto es, de frialdad y encerramiento, con sus ventanas cerradas, en medio de una oscuridad circundante y aislada de la realidad. Con la elección de Francisco ha vuelto la primavera, es decir, ha vuelto a aparecer el sol, se han disipado las nubes y el cielo se ve despejado y luminoso, la alegría y la esperanza nos invaden y el reverdecer de lo que parecía seco y marchito va mostrando de nuevo la belleza y la exuberancia de un jardín frondoso y florido. Se han abierto puertas y ventanas y un aire fresco y renovador alienta el contexto metiéndose por todos los rincones de la casa.

El paso de Francisco por Colombia fue breve y sustancioso, cualitativamente intenso y contundente, generó una impronta inolvidable que el mismo Presidente de la República no dudó en denominar como el acontecimiento más importante que ha vivido nuestro país en muchas décadas. Su impacto se fue sintiendo minuto tras minuto y todavía se siente. Valga la analogía, cual terremoto cuyas réplicas aún se experimentan. ¿Quién de ustedes no se conmovió con sus gestos?, ¿A quién de ustedes no se le aguaron los ojos por momentos?, ¿Hubo alguien que no se impactó frente a las muchedumbres que salieron a calles, plazas y explanadas a saludarlo y escucharlo?, ¿Alguno duda de la impecable organización de toda su agenda y de lo que fuimos capaces de demostrar los colombianos que, cuando se quiere, sí se puede?, ¿Conoce alguien de ustedes a personas escépticas e indiferentes, supuestamente ateas y distantes de lo religioso, que les confesaron que este Papa les ha llegado a su corazón?, ¿Se han encontrado con alguien que no se haya quedado admirado de su fortaleza física y su capacidad de aguante con ese ritmo de trabajo que tuvo?, ¿No les repitió alguien una frase que haya pronunciado en alguno de sus discursos u homilías?

Estoy seguro que la visita de Francisco cumplió todos los objetivos. Creo incluso que dimos el primer paso. Ahora, como él mismo nos lo dijo al final, hay que dar un segundo y otros más. Hay que ponerse en marcha. De ninguna manera podemos quedarnos estáticos, durmiendo sobre los laureles de tan exitosas jornadas. Lo que viene es muy importante: ser capaces de consolidar la paz y la reconciliación, no dejarnos robar la alegría y la esperanza, volar alto y lejos, no temer, atreverse a soñar, ir a lo esencial, dejarse zarandear por Jesús y renovarse sin miedo, involucrarse y comprometerse tocando la realidad humana de cerca, no dejar que el diablo se nos meta por el bolsillo, propiciar la cultura del encuentro, huir de la tentación de la venganza y de la búsqueda de intereses mezquinos, perdonar y sanar el corazón, transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, desactivar los odios y abrirse a la convivencia basada en la justicia, luchar contra la inequidad como causa de todos los males sociales, escuchar a los pobres mirándolos a los ojos y dejándose interrogar por sus rostros surcados por el dolor y sus manos suplicantes, conservar la serenidad frente a los halagos de los poderosos de turno, superar el clericalismo que infantiliza a los laicos, ser una Iglesia en salida que hace las cosas con pasión¿ entre otras cosas, ¿no es poco, verdad?

Por todo esto es que afirmo que la visita de Francisco ha sido un kairós para nosotros ahora, pero también para el mundo todos estos años. Sus sabias palabras no se quedan en apoltronado discurso. Al verlo golpeado y sangrante en su ojo izquierdo hizo vida aquello que nos dijo hace tiempo: prefiero una Iglesia en la calle y accidentada a una Iglesia encerrada en la comodidad de los despachos de oficina y de los aires acondicionados. Al verlo atender preferencialmente a los débiles y excluidos, los ciegos y sordos, los jóvenes rescatados de la calle, las personas con capacidades especiales, los ancianos y los niños, las mujeres urgidas de respeto y reivindicación, los indígenas y afros, las víctimas de la guerra, hizo vida la opción evangélica, preferencial por los pobres, que muestra con amplia evidencia cuán vulnerables somos todos, incluido el mismo, y lo que la vulnerabilidad nos muestra como característica esencial del ser humano, nos lo enseñó la hermosa niña.

Personalmente recibí testimonios de personas alejadas de lo religioso que expresaron su deseo de volver a la Iglesia. Un judío me decía emocionado: tienen ustedes un gran líder!. Leí en la prensa a varios columnistas comentar su admirado parecer por la figura de Francisco y su mensaje. Víctimas y victimarios ofrecieron o pidieron perdón. La reconciliación sacramental fue buscada por muchos. Un conocido que va a mi eucaristía dominical me comentaba emocionado que un vecino con el que tenía una enemistad de muchos años le había golpeado a la puerta de su casa y con ojos encharcados en lágrimas le había pedido perdón por los daños causados. Si eso no son - milagros-, entonces ¿Qué lo son?

La vida continúa y hemos vuelto a la rutina cotidiana. Para muchos, lo que pasó la semana pasada cambió sus vidas. ¿Y para nosotros qué? Ojalá este tiempo kairótico se prolongue y deje huella positiva en nuestras vidas. Personalmente me he hecho el propósito de mejorar en muchos aspectos como la única manera de contribuir a que las cosas sean también mejores para uno y para quienes lo rodean. Si todos hacemos el esfuerzo, de seguro que gozaremos los frutos de la cosecha y tendremos alientos y reservas para el otoño y hasta para el nuevo invierno que pueda sobrevenir.