EL PENSAMIENTO DE NUESTRO DECANO: Nuevos Rumbos Publicado en: lun, 30 oct 2017 09:42:00 -0500
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Desde niño le escuché a mi madre una curiosa definición de lo que era un jesuita, atribuida, según ella, a la Madre Laura Montoya, a quien conoció siendo muy joven: ¿una persona que tiene la ciencia en la cabeza, la fe en el corazón y en el aire un pie¿. La primera se entiende por la larga y cualificada preparación académica que recibimos. La segunda se supone como obvia en un cristiano y con mayor razón en un religioso que sigue de cerca a Jesús. La tercera constituiría el rasgo peculiar que nos ha distinguido desde la fundación de la Compañía: la disponibilidad y la obediencia, consecuencia irreversible de los votos que tenemos en la vida consagrada y particularmente nosotros con uno de especial adhesión al Papa.

Entre las leyendas en torno al voto de obediencia jesuitico, desde tiempos inmemorables se dice que es como ¿de bastón de hombre viejo¿, ¿ciega¿, ¿per inde ac cadaver¿¿ todo para decir que es indiscutible, sin titubeos, inmediata. Es más, muchos atribuyen a su efectiva puesta en práctica, el éxito apostólico de nuestra Orden religiosa. Lo único cierto que yo podría decir de todo esto es que me ha ido bien obedeciendo, o sea (sonó muy javeriano) no haciendo lo que yo quiero sino dejándome llevar por lo que decidan mis superiores. Esta última afirmación pareciera muy servil y obsecuente. No lo es. Algunos dirían que hoy día resulta inaceptable para una persona inteligente y razonable que es autónoma y autodetermina su existencia. Es verdad, pero en nosotros tiene su razón y sentido pues brota de una experiencia religiosa que tiene su arraigo en el mismísimo Jesús que fue obediente al Padre hasta la muerte y, también, de la profunda convicción de que la voluntad de Dios se manifiesta a través de los superiores.

Pues bien, nuevamente me ha llegado el turno. Hace unos días, el Padre Provincial, adjuntándome una carta del Padre General, me ha comunicado formalmente por escrito lo que verbalmente ya me había anunciado: mi nueva misión como administrador provincial de la Compañía en Colombia, tarea que asumiré en enero, una vez concluya el semestre académico como decano de la Facultad de Educación en la Universidad Javeriana. La noticia que a muchos ha tomado por sorpresa y sincero lamento, ha alegrado a otros por el nuevo reto que se me confía y ha puesto nervioso a más de uno que no me conoce ni ha trabajado conmigo.

El hecho es que para esa fecha habré cumplido 35 años en el mundo de la educación, mundo que me cambia por el de la administración, un asunto que no me resulta del todo extraño y que no me choca tampoco como quiera que desde hace 22, de alguna manera, me ha tocado asumir por estar al frente de decanaturas, rectorías y presidencias. Claro, no es lo mismo, dadas las proporciones. Este es complejo, delicado y de suma responsabilidad. Sin embargo estoy tranquilo y en paz, por esa certeza de la que hablé antes. No fue algo que busqué, ni quise. Aparece en mi vida como inesperado exabrupto y aunque tuve ocasión de dialogarlo y exponerle a mi jefe algunos considerandos, la decisión se ratificó. Nada que hacer! Como diría el otro, ¿pa¿ lante¿ y ¿a ponerle el pecho al viento¿. Si uno siente que hay un voto de confianza, si uno sabe que hay respaldo y credibilidad, que hay gente muy valiosa y muy profesional en el equipo, más aún, si uno se pone en las manos de Dios, entonces, ¿qué temer?

Seguiré siendo un educador. Lo soy por vocación. Espero que esta sea una muy enriquecedora ¿pasantía¿, de modo que prestado el servicio vuelva a lo que es mi pasión y donde hay tanto por hacer. Estoy tranquilo y en paz, repito. ¿Dios da la llaga y da la medicina¿ y como bellamente canta el salmo 22(23) ¿El Señor es mi pastor, nada me falta¿me conduce por sendas tranquilas y repara mis fuerzas¿ aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque tu vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan¿.

Así que a mis amigos les pido muchas oraciones por mi, tengan la bondad de consignarlas en mi cuenta con profusa generosidad, endosando también sus buenos augurios y deseos, de modo que el saldo quede a mi favor para tener buenas reservas. En esta economía de la salvación hay que hacer buenas inversiones pues pagan al ciento por uno y de ñapa dan la vida eterna. Comenzamos bien ¿cierto? Jejeje